martes, 6 de septiembre de 2011

FAMILIA Y PROMISCUIDAD SEXUAL JUVENIL

El Estado de Nueva York, tras la aprobación del matrimonio homosexual, va a imponer a los jóvenes de 11 a 18 años un curso de educación sexual en las escuelas. Algo similar ha ocurrido en España tras la aprobación del matrimonio homosexual y la imposición de la enseñanza de la ideología de género en la asignatura de “educación para la ciudadanía”. De este modo se produce un secuestro por parte del Estado del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones.

En un interesante artículo publicado en L´Observatore Romano, Lucetta Scaraffia afirma que: “los católicos no pueden aceptar que la vida sexual sea considerada como una asignatura cualquiera”, porque la sexualidad no es gimnasia sexual, sino expresión de amor entre el esposo y la esposa, y toma su verdadero sentido dentro del matrimonio que abierto a la vida da lugar a una familia.

En Inglaterra llevan años imponiendo esta educación sexual a los jóvenes y adolescentes, y solo han conseguido aumentar el número de embarazos juveniles y  abortos.

En Italia, por otra parte, donde no existe educación sexual obligatoria, se produce un menor número de enfermedades sexuales y embarazos entre adolescentes. Precisamente en un país donde la familia, gracias a la Iglesia católica, se encuentra fuertemente arraigada.

El problema es que si se destruye la familia se destruye la sexualidad de las siguientes generaciones, porque como dice Scaraffia: “para familias cada vez con mayor frecuencia rotas es muy difícil enseñar una moral sexual de la que no dan testimonio ni los padres ni el ambiente donde viven los muchachos”.

Es decir que para reducir verdaderamente los embarazos entre adolescentes, las enfermedades sexuales entre jóvenes, los abortos, y la promiscuidad sexual infantil y juvenil, hemos de apoyar a sus familias. No se trata de dar a niños y jóvenes horas y horas de clases de educación sexual en los colegios, sino más bien de apoyar el matrimonio de sus padres.

Podemos decir en suma que a más familia, menos promiscuidad sexual juvenil.

De ahí la necesidad de mostrar al mundo de hoy la belleza de la familia cristiana.

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